domingo, 7 de agosto de 2016

LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS

INVISIBLE, es una palabra mágica durante la infancia. Al menos, ese es el recuerdo que yo tengo.
Es un concepto que todo lo puede. Lo que nada es, puede serlo todo. Y se ve que mis hijos comparten esa fascinación por la palabra INVISIBLE.
No hace falta ver para creer. "¡Correeee! ¡Nos persigue un dinosaurio invisible" "Mami, ¿quieres probar la sopita invisible que te he preparado?".
Así que, con dos hijos pequeños, en ¡ese mundo invisible andamos cada día! Jugando-aprendiendo con utensilios, muñecos, comidas, animales y fuerzas invisibles.
En estas semanas, con mi peque de cuatro años, jugamos-leemos cuentos invisibles. Colocamos las manos a modo de sostener un libro. Hacemos ademanes de pasar las páginas según avanzamos la lectura. Y contamos "a la limón" historias fantásticas, absurdas y emocionantes, para saltar, a continuación, a otras que lo son aún más. Y es que, en las páginas de estos libros invisibles conviven osos panda con marcianos, dinosaurios, varitas mágicas y familias de vocales en mayúscula y minúscula.
Inventamos el texto con palabras sencillas y dejando volar la imaginación sin ningún tipo de límite, lo que nos propicia tratar cualquier tema y solucionar todo tipo de situaciones de una manera respetuosa y práctica.
Pero, lo que más nos gusta es contemplar sus invisibles ilustraciones. Llenas todas ellas de vivos colores y ondulados mares con soles brillantes y gruesas capas de nieve.
Ya lo decía El Principito: "Lo esencial es invisible a los ojos".